Algunas cosas que me quedé pensando después de la charla de David de Ugarte.
El mito de Croatán y la lírica como forma de construcción de la realidad basada en un futuro positivo, configurable, colectivo, no dejan de ser un excelente perfil para dar una charla con la embajada de España como marco y un acto que, en términos locales, parecía tener más de política tradicional que de cyberturbas o barbarie gaucha. El cruce entre actores diversos no deja de ser bueno. Todo lo que tire hacía donde queremos, debemos poder sumarlo a la caminata. Si logramos reconstruír el tejido social, floreciendo redes, construyendo poder popular para que la cosa cambie y nunca más haya un mundo con excluidos, el proceso mismo se encargará de marcar las prioridades, templar voluntades, marginar lo retardatario. El mar de la Historia, me comentaba Pablo Mancini, no haciendo alusión a particularidades, sino a lógicas directrices de la acción y la reflexión.
Para puntualizar: generar un evento de estas características es bueno. Es una temática todavía incipiente en nuestro país y hay que hacer todavía demasiado en relación a la socialización de las nuevas tecnologías para que lleguen al conjunto de nuestra gente. El problema que he visto surge debido a que determinados ambientes son refractarios a la participación de las mayorías sociales. Cuando se organiza un acto, una charla, o cualquier tipo de mitín, cada aspecto tiene características significativas en este sentido. Para el caso concreto, los ámbitos institucionales o gubernativos resultan de por sí ajenos para el común de los mortales. Máxime cuando la convocatoria está dirigida centralmente hacia sectores que en el imaginario social están concebido como parte de “lo mismo”. No me refiero a nadie en particular, sino más bien a la planificación, a la ingeniería utilizada. De paso, un dato innegable: está ingeniería es la que hizo posible que David de Ugarte venga a la Argentina con 25000 ejemplares de su libro, aparezca en diversos medios de comunicación, etc. No quiero ser necio, ni parecer malagradecido con quienes han trabajado mucho para que esto se realice. Con gente con perspectivas similares, simplemente creo que marcando contradicciones o inconsistencias uno puede ayudar. No es así con quienes no han entendido la etapa que se está abriendo o siguen atados a formas de obrar anacrónicas, con quienes no existen parametros similares para sintetizar la realidad.
Volviendo. Espero que la próxima vez que venga David (o cualquier otro sujeto por el estilo), podamos armar, aparte de estos necesarios eventos, muchos más que sirvan para reproducir y potenciar lo planteado. No hay porque negar la necesidad de estos ámbitos, pero si debemos articularlo con algo que va más allá de ellos. Nuestros lugares de reunión y discusión deben ser las UTN, los colegios secundarios, los terciarios, los centros tecnologicos comunitarios, los locutorios, las cooperativas y todo lugar donde se pueda combatir la brecha tecnológica con la consolidación de las redes existentes. Estas redes, por cierto, no son cybernéticas, sino populares. Gente organizada en torno a cuestiones concretas, como siempre lo ha hecho, pero esta vez con la posibilidad de potenciar su incidencia en la realidad mediante las nuevas tecnologías. Solamente si estamos inmersos en el barro podremos cambiar las cosas.

Sólo el pueblo salvará al pueblo.