Botellas del naufragio.
Me dio mucha felicidad el mail de ayer de Felisa. Son cosas menores, si se quiere, que dan aire para continuar. Ella y Lisandro, su compañero, continuan trabajando en Las Tunas, con un proyecto que parece realmente muy bueno. Es el Taller de Oficio Simón Rodriguez, donde trabajan cuestiones de microcrédito, emprendimientos productivos, etc.
Me pone contento saber de ellos. Con Feli tuve menos relación, pero Lisandro es un flaco al que aprecio demasiado. Hace años que no lo veo, pero algo me dice que debemos seguir en la misma, mas allá de las diferencias y opciones tácticas y coyunturales que cada uno fue teniendo.
Cuando lo conocí estaba armando una estructura de fierro para una columna o viga del centro. 1999 o 2000 sería. Estaba presente también Coti, y nos pusimos a charlar de cualquier cosa: el disco nuevo de Manu Chao que después nos acompañaría en todas y cada una de las fiestas y juntadas, alguna cosa obligada de futbol. En eso, Lisandro nos comentó de un ignoto Chavez, que “es un compañero” y no un carapintada, como las primeras bolas querían hacernos creer. Nos juraba haber visto una foto de él con la camisa verde oliva abierta y una remera del Che abajo. Coti preguntó si era como Perón, que nos va a cagar, pero lo queremos, y la risa cerró el momento.
Cuando empecé en el Centro, mi primer actividad fue en la columna de trabajo, grupo pensado para trabajar solidariamente en el Centro mismo o en casas de vecinos. Lisandro lo coordinaba y era de los que más sabía laburar en construcción. Supongo que porque se daba maña. Le gustaba el trabajo físico. Una vuelta estaba desmalezando la parte trasera del terreno en el que estaba el centro, y me mostraba las manos, fajadas por el esfuerzo manual: “hay que sacarse el empleado de camisa de adentro, el burgués de adentro”.
Al final de mi ciclo tunense, que cierra con el 19 y 20 de Diciembre del 2001, con Lisandro fue con el que más coincidencias iba teniendo. Armamos algunos talleres de formación militante, movíamos con discusiones bizarras, como podíamos, la lista de mails que se había armado con la gente que participaba. Si Lisandro me lo permite, voy a transcribir alguno de esos mails. Tienen la riqueza de ser propios de la época. Creo que la reflejan bastante.
Me impresionó ver el blog que están armando con el Taller de Oficios. Tiene un mapa de la zona, en donde se puede ver el lugar en el que trabajan. El mismo que hace tantos años. El Centro, La Escuelita. También se ve el camino desde la ruta 9, que al principio hacía en el 720, después siempre caminando. Porque así conocías el barrio. La Escuela, de la que, Ay! no recuerdo el número, donde se hacían muchas de las reuniones de la red social. La iglesia del Padre José, que bue… La casa de las hermanitas, con Diana a la cabeza. “Que lindos son los pobres cuando se organizan”, me dijo la monjita cuando la encontré en el primer piquete que se hacía en el barrio, mientrás nosotros discutíamos la conveniencia política de ir o no. La comisión vecinal, con la que siempre nos tiroteabamos. No sé si hacían de cana bueno y cana malo, o eran más descontrolados que nosotros. Siempre aparecía Julio Cesar, el Presidente de la comisión, tratándonos de extraños y Luque, otro de porai, tratando de sumarnos.
El blog también tiene muchas fotos: un ropero solidario, tartas, niños, asambleas, herramientas varias. Los compas siguen en lo mismo! Construyendo desde las bases, poder popular. Con muchas caras nuevas, otras que sigo sintiendo propias. La reconozco a Mirta. Chaqueña. Madraza, que me cuidó como a uno más de sus hijos en varias situaciones. Nos conocimos (más allá de algunas cruzadas de vida barrial) cuando integró el primer grupo de trabajo que armamos con planes trabajar. La discusión en el grupo sobre si aceptarlos o no fue eterna. Llegó un vecino y clausuró las opciones con un contundente “si ustedes no aceptan están en pedo”. Mirta estaba ahí. De las más laburantes. Con la capacitación que dabamos estaba siempre al pie del cañon. Fue de las más laburantes también en la cooperativa de dulces artesanales que después intentamos generar. Witralem, se llamaba. En las fotos no está Martita, la hermana. Otra grandísima. Marta no me dejaba dormir en el centro si estaba solo y me hacía siempre algún lugar en la casa. Donde sea. Una solidaridad a prueba de todo. De puro Pueblo.
Un capítulo especial merecen vecinos y anécdotas varias. Alicia, Rosa, Karina, Paula, Quique. Martín, por supuesto. Motoquero y combativo hasta las bolas. Pero no podía dejar de escribir esto. Para no olvidarme, jamás. Después seguiré, porque fueron muchos años y afectos.
Septiembre 28, 2007 a las 4:00 pm
[...] cosa es que, segunda alegría en poco tiempo, me escribió Nacho. Otro alto compañero. Fue una relación relativamente corta la que tuvimos. A [...]