Enseñanzas transandinas (I)

By Matias Lennie

Estos días anduve morfando experiencias en Chile. También alguna Jaiba y Ostiones, cuando hubo oportunidad. Aparte de muy buena gastronomía vinculada al mar, están llevando a cabo determinados proyectos y lineamientos de trabajo que son para apuntar, porque marcan una interesante búsqueda en relación a la democratización de esos recursos estratégicos que son hoy en día las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Chile es un país con una importante actividad minera que crea realidades a lo largo y ancho del país. Como el Salitre antes, la industria extractiva imagina pueblos y los llena de cuerpos. Un durísimo regimen laboral les rige a éstos la cotidianeidad: 7 días en la mina, 7 días en el Pueblo. Así es dificil no ir despojado de tu espíritu, como demasiados en todo el continente, con una realidad que se impone y parece estar pensada para doblegar lo humano, quebrar voluntades.

Chuquicamata

En el Norte de Chile, las minas van dejando sus huellas por todos lados. Chuquicamata es un símbolo, por su escala, pero existen otras muchísimas. Cortan y pegan montañas, dejando raros paisajes en su quehacer. Desertifican zonas ya de por si demasiado desiertas. Planean mover glaciares, quitarles los minerales que tengan por debajo, volver a ponerlos donde estaban. O cerquita, aunque sea. Mueven pueblos enteros por descubrimientos en el subsuelo que esos pueblos nunca verán.

Sangran -subterraneamente o a cielo abierto- la dignidad humana y el desarrollo sustentable.

Chuquicamata

Algo así ví en Tierra Amarilla (parcial y posiblemente distorsionado), pueblito andino donde la actividad minera es el eje de la economía local. La minería junto a la industria de la uva, que también es central, aunque sólo en temporada de cosecha, donde trabajadores de todo el país se acercan por los jornales “altos” que pueden conseguir. Temporeros. Trabajadores golondrina.

Ahí es donde la Fundación Mercator junto a AtinaChile, con Paula Rojo a la cabeza, están generando uno de los pilotos más interesante que se están dando a nivel regional. El proyecto tiene basicamente tres patas, que le dan una integralidad inquebrantable: iluminar la ciudad con internet inalámbrico gratuito, movilizar a la población con talleres de capacitación de cuestiones informáticas y generar convenios con empresas para la venta de hardware asequible.

En pleno momento de movilización la encontramos a Paula, Felipe Bustamante, y los diversos voluntarios que sumaban más de cincuenta personas organizadas para dar herramientas invalorables a la población. Mientras ibamos en la camioneta, y nos iban mostrando el pueblo, un micro de temporeros se acercó, y no dejó de causarme sorpresa la recibida:”Nosotros queremos estar en los cursos, pero salimos a las 6 y media, se podrá?”, preguntaron. Alguno con un celular quedó responsable de arreglar horarios, cantidad de gente y contacto. Seguro, a quienes participen le servirá esto para enfrentar mejor cualquier situación, colectiva o individual, de ahora en más.

“No es un proyecto tecnológico, es un proyecto social”, nos repitieron, con la claridad de años de trabajo y conocimiento del tema.

Ya hace un tiempo estamos organizando los equipos necesarios para poder armar una experiencia similar de este lado de la cordillera. Esto es un empujón importante, porque es tan claro que todo está para hacerse, que daría verguenza no realizarlo. Es una necesidad para un futuro mejor. No lo garantiza, pero lo oxigena.

Algunos enlaces vinculados:

AtinaChile

Fundación Mercator

Salamanca, la primer comuna del siglo XXI

Blog de Mejillones

Blog de Tierra Amarilla 

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