Trinchera de Ideas.
Si hay alguien que personaliza la noción de Aristóteles del hombre como zoon politikon, sin duda ese es Fidel. También personaliza con contundencia la estrecha y compleja relación entre los procesos de la historia y las biografÃas personales; porque Fidel es tal vez el producto más simbólico de las polÃticas aberrantes de Estados Unidos hacia América latina. Haber nacido en Cuba no es un aspecto secundario: en 1898, los norteamericanos logran arrebatar a los patriotas cubanos su inminente victoria sobre España y su emancipación. José Martà y Antonio Maceo habÃan muerto en combate poco tiempo antes: ejemplos de lucidez intelectual, de compromiso, de ética y coraje, inspiraban a los jóvenes más nobles de esa isla humillada. Porque a la invasión de los marines seguirÃan la Enmienda Platt; la base de Guantánamo a perpetuidad; las sucesivas polÃticas del Gran Garrote, el Destino Manifiesto, la Doctrina Truman de la Guerra FrÃa, que convirtieron a ese paÃs en un lugar de expoliación impune y en un garito donde se paseaban las mafias que tan bien nos muestra Coppola en El Padrino II. Desde entonces se enfrentaban dos opciones: la Cuba de Martà y Maceo o la Cuba de los dictadores sanguinarios y los polÃticos obsecuentes apoyados por Estados Unidos.En abril de 1948, el estudiante de abogacÃa viajó a Bogotá con el objetivo de participar en la creación de una Federación Latinoamericana de Estudiantes, promovida entre otros por Jorge Eliécer Gaitán de Colombia, Arévalo de Guatemala, Juan Perón de Argentina y las fracciones polÃticas cubanas que tiempo después formarÃan el Partido Ortodoxo. A la mañana siguiente de haberlo entrevistado, el lÃder de las fracciones más radicalizadas del Partido Liberal es asesinado: se produce entonces el Bogotazo; una insurrección popular -que será bautismo de fuego para ese joven de 21 años- a la cual sigue una brutal represión, desatando en Colombia la violencia que llega hasta nuestros dÃas. En 1952 encabeza la lista de candidatos a diputados por el Partido Ortodoxo; pero el golpe de Fulgencio Batista impide las elecciones, que no eran del agrado de los Estados Unidos. Cabe preguntarse cuál hubiera sido la trayectoria de vida de Fidel si no asesinaban a Gaitán y no se instauraba una nueva dictadura en Cuba. Como asimismo es válido preguntarse por la eventual biografÃa de ese otro joven médico argentino con vocación de trabajar en leprosarios, si no presenciaba en Guatemala la invasión de los marines y el derrocamiento de Jacobo Arbens: presidente cuya osadÃa de impulsar una reforma agraria molestaba demasiado a la United Fruit Co.

Fidel es tal vez el único de los lÃderes populares de la segunda posguerra, al que los Estados Unidos no pudieron derrocar, enviar la exilio, asesinar, inducirlo al suicidio o a la traición. Hay que ser un zoon politikon -y contar también con la protección de los dioses, vaya uno a saber cuáles- para concitar la lealtad de un pueblo y conformar un gran frente nacional contra Batista, a partir de esos doce sobrevivientes hambrientos que llegaron a la Sierra Maestra; para resistir la invasión a Playa Girón; los múltiples sabotajes y operaciones de la CIA; los seiscientos intentos de asesinato; un bloqueo económico de más de cuatro décadas; la caÃda del Muro de BerlÃn; el aislamiento internacional, o el perÃodo especial que, junto a otros múltiples obstáculos, debió enfrentar su gobierno durante medio siglo. Nadie ignora que hubo errores y durezas en las polÃticas de la revolución cubana, y tampoco Fidel lo ignora; el atenuante es compararlos con la historia de las mayorÃas populares y con el avasallamiento de los intereses nacionales en el resto de los paÃses latinoamericanos durante el mismo perÃodo.
Después de sesenta años de intensa actividad, desde esos tiempos del Bogotazo, Fidel renuncia a la presidencia, pero no se retira de la polÃtica; simplemente va a continuar haciendo polÃtica bajo otras formas. Martà nos decÃa: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”; y el Comandante parece dispuesto a concentrar sus esfuerzos en la “batalla de ideas”, porque está convencido de la necesidad de pensar crÃticamente lo nuevo, en tanto hoy en el mundo no está sólo en juego un cambio de sistema socio-económico y polÃtico sino la supervivencia misma de la especie.
Por Alcira Argumedo, en Página/12.
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