Coyuntura y conflicto agropecuario.

1. El paro agropecuario.

Vivimos un ciclo económico positivo, ascendente. La devaluación del 2002 y el posterior esquema cambiario, con un marco internacional favorable para la producción exportable con mano de obra barata y poco calificada, están dando márgenes de ganancia gigantescos.

La distribución de la riqueza no ha sido modificada. Incluso, ha empeorado notablemente en términos relativos. Justicia Social, una vieja bandera.

Cinco años de gobierno nacional y popular deberían haber revertido esta situación. No, no. Mejor aún: debería verse claramente que se está apuntando a revertir la situación. Hace un tiempo decía que se está perdiendo demasiado el potencial de cambio existente en nuestra sociedad. La conflictividad social no fue usada para avanzar en las políticas centrales.

Este es el modelo. Definitivo. Con contradicciones, cierto, pero también con lineamientos claros. Lo estructural, está dado.

Por otro lado, hay un clima social que no existía hace no demasiado. Uno podría ver conspiraciones cotidianas en todos lados, pero no creo que sea lo más conducente. Que se estén creando consensos sociales regresivos, que la derecha se esté moviendo por dentro y fuera del gobierno, son consecuencias de los errores de los sectores populares y progresistas. Con distribución de la renta no habría dudas. Hay que sacar conclusiones correctas para saber cómo avanzar y no tirar por la borda la oportunidad histórica que tenemos. Tenemos todavía algo de tiempo.

El conflicto agropecuario de la semana pasada (que sigue latente) tuvo carnadura. El primero con estas características en el período K. No fue simplemente una maniobra de la Sociedad Rural, aunque es indudable que fue el actor que logró imponer sus demandas por sobre los demás. Pero no fueron sólo ellos: pequeños y medianos productores, sumados a clase media urbana, le dieron repercusión a los sectores concentrados del campo.

2. El Gobierno K.

Con posterioridad a la Pueblada del 2001, Duhalde y Lavagna fueron quienes devaluaron asimetricamente la economía argentina. De esta forma, profundizaron la pobreza existente y cambiaron radicalmente las reglas de juego. Iniciaron un ciclo económico marcado por un tipo de cambio “competitivo”, que hasta la fecha continua vigente.

El rasgo distintivo de el gobierno actual fue pivotear sobre una correcta política de Derechos Humanos, sin tocar el esquema macro-económico. Dio un importante espacio para plantear reivindicaciones vinculadas a nuestra historia reciente y el genocidio ocurrido tres décadas atrás, pero las políticas centrales resultaron intocables. Complicado, porque el poder popular se crea con redistribución progresiva de la riqueza y organización popular. Los Derechos Humanos son una premisa necesaria pero no suficiente para encarar un profundo proceso de cambio como el que necesita la Argentina. De hecho, puede jugar en contra haberse ganado tantos enemigos por eso, sin haber construidos bases reales de poder no basados en la lógica partidocrática liberal y el clientelismo como método.

De ninguna manera esto implica criticar la política de Derechos Humanos. Por el contrario. Apunto, simplemente, a pensar un esquema integral que garantice una democracia participativa, social y orgánica como base del cambio.

Lucha popular

3. Concentración y extranjerización de la Tierra. Sojización.

El ciclo económico actual, con las características planteadas, es el que genera el proceso de sojización del campo, una aún mayor! concentración de la tierra, y otros tantos efectos destructivos para el mundo campesino (en términos subjetivos y objetivos). No contrarrestables, si no es con el cambio de las estructuras sociales que le dan existencia.

Un compañero, kirchnerista de la primera hora, me comentaba que es “inminente” una reforma constitucional. No se puede gobernar con la contitución del 94, la del pacto de Olivos. Estamos plenamente de acuerdo. Habría que volver a la del 49, con su artículo 40 incluído.

De nuevo. Este es el modelo. Lo que no se ha hecho en pleno apogeo -basicamente, los dos primeros años de gobierno- es dificil de soñar que se haga actualmente, donde naturalmente el desgaste tiende a ser mayor.

4. Equilibrio estratégico y alternativas del modelo.

Es un momento complejo politicamente. Efectivamente, el kirchnerismo es la alternativa real más progresiva que nos da el régimen. Da mayores espacios de participación que los otros actores, cuestión estimable para cualquier organización popular que quiera reconstituir sus fuerzas. Seguimos con una correlación de fuerzas con equilibrio estratégico, es decir, donde ninguno de los sectores sociales puede “imponer” sus políticas. No va a durar eternamente. El equilibrio es inestable.

Aclaro: el equilibrio estratégico no tiene nada que ver con el consenso como política de Estado. A no confundir, porque sino se embarra. Todo proceso constituyente como el que varios creemos que es necesario en nuestro país, implica consensos. Es, de hecho, una política basada en el consenso.

5. Organizaciones populares y estrategia de Poder.

Desde que asumió Kirchner, la discusión dentro de las organizaciones populares se modificó radicalmente. Concretito.

No creo que haya sido un error apoyar a Kirchner. Asumimos una disputa e hicimos las armas que pudimos para darla.

Tampoco necesariamente es un error apoyarlo actualmente. Cada organización y cada militante sabrá por qué se toman las decisiones que se toman para defender lo justo.

Pero creo que debemos hacernos una autocrítica que nos sirva para poder volver a tener iniciativa, retomar el espacio público, plantear las discusiones que creamos centrales.

Necesitamos una política autónoma, porque estamos acumulando para un Gobierno que licúa todo germen organizativo que se consolida. Necesitamos una orgánica propia, porque el PJ es incontinente, refractario, demasiado vinculado a lo que nadie quiere. Necesitamos un programa propio, porque la crisis estructural de la Argentina no ha sido resuelta y “sólo el Pueblo salvará al Pueblo”. Necesitamos construir al Hombre Nuevo, porque la clase política nos está desangrando los sueños.

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2 comentarios para “Coyuntura y conflicto agropecuario.”

  1. Lisandro Dice:

    Lo que queda en evidencia a partir del “conflicto del campo” es la alineación de fuerzas de los medios de comunicación, de las organizaciones sociales y sindicales, etc. Y cuales son los planteos políticos que cada una sostiene. Aunque nos enoje con la realidad ¡hay dinosaurios más a la derecha de lo “K”! y un izquierdismo que prefiere la polarización con la ultraderecha. Es imprescindible que la disputa no haga correr las discusiones a la derecha, pero tampoco tomar como propio el discurso del gobierno. Defendamos las retenciones, pero no para pagar deuda, utilicemos los recursos para construir una economía fuerte, con autarquía, donde tenga peso real las empresas del Estado, las fabricas recuperadas, la producción comunal.

  2. El Tren Bala es una verguenza nacional. « Matias Lennie Dice:

    [...] Tren Bala es una verguenza nacional. He apoyado activamente al gobierno de los Kirchner y explicado un par de veces por [...]

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