17 de Octubre.

By Matias Lennie

17 de Octubre. Desde lo emotivo, debería transcribir algo como lo escrito por Leopoldo Marechal o Scalabrini Ortiz. Gente con mucha razón y excelente pluma.

Pero no. Porque lo que anda pasando mucho es que se hace referencia a lo emotivo para vaciar el contenido. Folclore puro. Porque se estructura un discurso que busca tapar prácticas contrarias a lo que se dice defender. Entonces… Para qué centrarse en eso?

La Historia como fuente de conocimiento.

Hace años que creo que la mejor forma de entender nuestra sociedad y sus conflictos es mediante el análisis histórico. Las cosas cambian, sin duda, pero hay corrientes subterráneas que no dejan de brotar permanentemente, desde hace 200 años hasta la fecha.

Del 17 de Octubre, el primer dato, más bien obvio: el Pueblo hace la historia. La gente, organizada, movilizada y conciente, puede más que cualquier maniobra espuria. Un mito fundacional poderosísimo.

Sin embargo, el peronismo no es sólo el 17 de Octubre. Sin querer redundar: es un movimiento policlasista, que tiene como eje de aglutinamiento la idea-fuerza de la “Nación” como conjunto de fuerzas articuladas en función del mercado interno, la producción, el control estatal de los resortes estratégicos de la economía, etc. Cuestiones inherentes al modelo de país que se propone, que no es resultado de un dogma teórico sino una doctrina dinámica, que toma datos de la realidad y los sintetiza de acuerdo a una forma de entender el mundo compartida. La avanzada Constitución del 49 fue la forma programática e institucional que cristalizaba la nueva correlación de fuerzas y respaldaba al movimiento de masas.

Más allá de las personas (siempre hay buenos y malos en todos lados!) el peronismo significó el proyecto de inclusión social más integral y profundo que ha vivido Argentina. Del “otro lado” quedaban las propuestas elitistas, xenofobas, excluyentes. Izquierdas y derechas (influidos por el mitrismo ideológico y defendiendo intereses bien concretitos) odiaban este “hecho maldito del país burgués” y se arremolinaban en cuanta intentonaba conspiradora existiera.

En términos ideológicos, un abánico muy amplio de posicionamientos se encontraba dentro del peronismo y fuera de él. Sin embargo, hasta entrada la década del 70, no existió en el seno del peronismo lugar para actores vinculados a intereses extranjeros. Ese era el límite, porque se entendía al desarrollo endógeno como el centro de gravedad insustituible. Es recién con la aparición de Lopez Rega e Isabelita que este esquema se fractura y sectores neoliberales logran introducir su cuña, desmembrando al campo nacional y logrando hacer jugar como centrales contradicciones secundarias. Desde esta lógica, el nivel de confrontación al que se llegó entre la tendencia revolucionaria del peronismo (JotaPé) y la ortodoxia (basicamente, los sindicatos) fue un error que no se pudo remediar, abriendo espacio para que la contra -la verdadera- se abra camino. Y ahí venían los grupos económicos, contratando las fuerzas armadas como mercenarios, contra su propia gente, perros de caza sin mayor dignidad ni valor.

Si todo esto es cierto, no se puede obviar el mal desempeño de Perón como conducción. Era su responsabilidad como comando que esto no sucediera, o por lo menos no exacerbarlo de la irresponsable manera en que lo hizo. Supongo que habrá tenido que ver con que veía que su tiempo vital se acababa, pero eso no es excusa. Porque era Perón, y entonces se le puede pedir estar a la altura de las circunstancias.

Hasta que Perón murió, el problema no fue insaldable. Después, la cosa realmente se pudrió.

Y, como hoy es 17 de Octubre, vamos a tratar de no hacer tanto hincapié en la dictadura oligárquico-militar (que, como se sabe, asesinó a 30.000 de los mejores argentinos, peronistas la gran mayoría). Lo que sí creo que hay siempre que remarcar es que a la dictadura se le opuso una fuerte resistencia popular, y efectivamente fueron sectores del peronismo los que más le pusieron el pecho a la represión. Porque ya lo habían hecho previamente con Aramburu, Onganía o Lanusse.

Ese ADN resistente del peronismo, no lograron romperlo. Todo proyecto excluyente se topó con el mismo como barrera infranqueable. Los militares venían a hacer un país que no pudieron hacer. No pudieron privatizar las empresas públicas como querían, no pudieron destruir la industria nacional como se propusieron. No pudieron. Porque “nos quebraron el tiempo estratégico” dijo un alto mando del proceso.

Sur, Paredón y después…

Fue necesario la traición de Menem para llevar adelante el plan. Lo contentos que estaban los Alsogaray, los Bunge&Born, las empresas internacionales, Bush y Cia, cuando se dieron cuenta que no había que combatir el peronismo sino corromperlo profundamente!!

La traición y la violencia son plagas que caen sobre nuestra historia. No se la entiende sin ellas, mal que nos cueste. Desde el desmembramiento de la sociedad civil (con su costado más salvaje en los campos de concentración) hasta la trasmutación del peronismo de las últimas década, son constantes necesarias para cualquier explicación de corte sociológico, político o psicológico. Al contrario de lo que se podría suponer, no se puede debatirlas. No hay marcos sociales todavía para hacerlo. En el conflicto del campo, por ejemplo, ambos lados se tiraban la historia (y los muertos, propios o ajenos) por la cabeza, sin ninguno esbozar algún nivel de análisis sobre lo traumático que esto ha significado para nuestra sociedad.

De Peronismo

El Peronismo está nuevamente ante el dilema existencial que se planteaba Evita. Será revolucionario o no será nada. Porque la Argentina necesita cambios profundos. La única forma de poder generar un debate sincero, autocrítico y constructivo en relación a la historia reciente, es con un proyecto de país incluyente a futuro. Como lo fue el peronismo en su momento, pero no necesariamente sigue siendo. El debate histórico y la realidad social van juntos. Mientras no se garanticen niveles de justicia social crecientes, la historia se seguirá bastardeando y utilizando para mezquindades inconducentes. Hay que cambiar el modelo. Y convengamos que -hasta hora- no lo hemos hecho. Más allá de quién gobierne, acá hay un modelo de exclusión que permanece estable. Que mató de bala, y que sigue matando de hambre y silencio. Un modelo de minorías que se cambia democraticamente, con mayorías planteando que esto no es lo mejor que podemos hacer, que hay mucho más.

Personalmente creo que la mejor forma de festejar el 17 de Octubre es ponernos a pensar realmente qué significa construir una Patria para todos y todas en el marco de una Latinoamérica cada vez más unida, y poner manos a la obra maravillosa de construirla.

Al gran pueblo argentino, Salud!

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